Reafirmando el control de las masas y la adoctrinación política a través de los medios, llegó al Perú el movimiento de lo plenamente dicho y la desligación de lo metafísico o místico como fuente principal de los valores para intervenir en los procesos democráticos. Tal es el caso de dejar de concebir a la religión como una identidad natural de una cultura e iniciar con el proceso de secularización hacia la praxis social y política. Estos movimientos de índole didáctica con represión hacia lo divino confirmó el paso de una nueva era postmoderna, característica principal de esa vigente ola de globalismo generalizado. Se dejó atrás la época premoderna, la cual percibía el paso de lo mágico hacia la religión como principal fuente de poder cultural; ya que, la magia y la religión no pueden ser tenidos por sinónimos. Conforme a la sociología weberiana, la religión es un paso hacia adelante en el marco del continuo proceso racionalizador, que la sociedad premoderna da para dejar atrás la magia. Citando al reconocido politólogo argentino Laje (2022):
“El conocimiento en una sociedad premoderna está ligado con fuerza al conocimiento teológico, en el sentido amplio del término: es el conocimiento de Dios y del efecto de sus acciones sobre la existencia humana y natural. De ahí que los depositarios del conocimiento en estas sociedades sean, de corriente, aquellos que se dedican a los asuntos sobrenaturales, pues es en esta dimensión donde se encuentra la llave para comprender, dentro de nuestras infinitas limitaciones, nuestro paso por el mundo: quiénes somos, por qué existimos, qué debemos hacer y qué nos espera después.” (La Batalla Cultural. pp. 46 - 47)
El mismo escritor argentino hace énfasis en cómo durante el proceso de cambio hacia la posmodernidad, las políticas de izquierda reafirmaron su poder con esta ola progresista entrando desde la cultura. Dicho por él mismo, “la izquierda supo que económicamente no podía competir contra la derecha; sin embargo, existía el factor social que estuvo muy descuidado. Mientras la derecha te contaba cuentas, la izquierda te contaba cuentos.” (Extraído de conferencia en Lima, Perú). Ante esto, podemos ver la clara dominancia de la supremacía humana sobre lo divino dentro del trabajo, el progreso y el desarrollo. La familia se fue dispersando cada vez más; las conductas y costumbres de lo tradicional fueron evolucionando, de tal modo que se generaron esas incertidumbres entre lo conservador y lo liberal. Asimismo, se deformó el sentimiento de la unión y el trabajo en uno mismo a tal punto que se llega a visualizar en el mandato actual peruano con el cambio estructuralizado dirigido al pueblo y la fragmentación de ideas, partiendo desde las conductas sociales hasta la tradición, dejando de lado lo desconocido como fuente de guía y pensamiento ideológico. Esta desunión fue uno de los principales indicios de la sociedad para percibirse en diferentes clases sociales, continuando así con la ola discriminativa y el racismo generalizado fomentado en las familias y divulgado por los medios.
Referencias:
Laje, A. (2022). La Batalla Cultural. México: Harper Collins. pp. 46-47.
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